Productividad laboral

Informe Nacional de Competitividad 2012-2013

Productividad laboral

Colombia presenta grandes diferencias en la productividad laboral entre sectores (intersectorial), al igual que entre firmas al interior de un mismo sector (intrasectorial) (Gráficos 1 y 2), una muestra de que los factores productivos no se están asignando a las actividades más productivas, lo que explica los bajos niveles de productividad del país. La heterogeneidad en la productividad es una característica de los países en desarrollo y un indicador de ineficiencias en la asignación de los factores que reducen la productividad laboral agregada de un país (McMillan y Rodrik, 2011).

 

 

 

Diferentes reportes confirman los bajos niveles de la productividad laboral en Colombia: en su Anuario Mundial de Competitividad, el Institute for Management Development (IMD) ha situado durante dos años consecutivos (2011 y 2012) la productividad laboral colombiana en el puesto 49 entre 59 países. El Conference Board, por su parte, situó en 2011 la productividad laboral del país en el puesto 64 entre 120 países.

El proceso de reasignación de factores de producción entre actividades se conoce en la literatura como ‘cambio estructural’ , y conseguir que esta reasignación, especialmente del factor trabajo, se dé de manera eficiente –de las actividades menos productivas hacia las más productivas– es un objetivo deseable si se quiere aumentar la productividad agregada de la economía y tener mayores tasas de crecimiento económico.

Sin embargo, este proceso de cambio estructural no se da de manera espontánea. Existen numerosas distorsiones y cuellos de botella que lo limitan. Incluso hay circunstancias que incentivan el proceso contrario: la migración de factores de actividades de mayor productividad hacia actividades de menor productividad, lo que reduce la productividad agregada de la economía.

En algunos casos estas distorsiones y circunstancias están asociadas a condiciones del mercado laboral. En primer lugar, porque cuando las condiciones de empleo son percibidas como rígidas, en la medida de lo posible las compañías prefieren la actualización de su planta y sus equipos en lugar de contratar más trabajadores.

En segundo lugar, porque estas rigideces limitan la migración del factor trabajo –y en general, de todos los factores– hacia los sectores más productivos. En tercer lugar, porque la existencia de elevados costos para la formalidad se constituye en caldo de cultivo para que los trabajadores permanezcan en la informalidad o más de ellos migren hacia esta, lo que limita las posibilidades de un cambio estructural positivo.

En otras ocasiones las distorsiones se explican por políticas que implementan los gobiernos –buscando apoyar particularmente a las micro y pequeñas
empresas (mipymes)– y que mantienen artificialmente vivas empresas que difícilmente serían productivas, restringiendo la posibilidad de que los factores capturados en estas firmas migren hacia otras actividades o firmas más productivas (Pagés, 2010). También resultan cuando una buena porción del sector privado se encuentra lejos de la frontera eficiente de producción y no toma acciones para incrementar su productividad.

Vale la pena comentar que si bien varias de estas distorsiones y circunstancias son responsabilidad del Gobierno nacional, otras deben contar con la activa participación de los gobiernos locales para su superación. Más aún, existen obstáculos que son particulares a los sectores productivos e incluso a las regiones donde estos sectores tienen su actividad, por lo que es competencia de los gobiernos locales, en alianza con el sector productivo local, buscar su superación.

En el marco de la Agenda Nacional de Competitividad, el Gobierno nacional se comprometió a implementar una serie de acciones que apuntan a mejorar la eficiencia del mercado laboral y a fomentar la formalización (ver Anexo). Sin embargo, estas acciones se quedan cortas y muchas otras no tratan de forma directa las distorsiones presentes en el mercado laboral que limitan el proceso de cambio estructural de la economía.

En este capítulo se presenta un breve diagnóstico de algunas de las situaciones que más contribuyen a explicar la mala asignación de los recursos a través de actividades productivas –en los niveles intrasectorial e intersectorial– y su impacto sobre la productividad laboral en el país. En particular, se abordan las inflexibilidades en el mercado de trabajo, la informalidad laboral y empresarial, las políticas que mantienen artificialmente vivas a firmas ineficientes, y la existencia de una buena proporción del sector privado lejos de su frontera eficiente de producción. De igual forma, se hacen recomendaciones para que el país pueda mitigar estas talanqueras al proceso de cambio estructural.