Informe Nacional de Competitividad 2013-2014

Informe Nacional de Competitividad 2013-2014

El informe contiene, como todos los años, un análisis exhaustivo de las condiciones de competitividad en diferentes frentes, los avances logrados durante el año en los mismos, así como los rezagos y la agenda pendiente. Igualmente, el informe hace una serie de propuestas encaminadas a mejorar la competitividad y productividad del país.

Cuatro años han pasado y el país no ha visto mayores avances en materia de competitividad. Por lo menos eso es lo que indica el Indicador Global de Competitividad 2013-2014 del Foro Económico Mundial (WEF, por su sigla en inglés), el cual se ha convertido en el principal referente en materia de competitividad a nivel mundial. En 2009 el país se ubicaba en el puesto 69 entre 133 países. Cuatro años después se encuentra en la misma posición entre
148 países (ver gráfico 1).

 

Esta situación aleja al país de cumplir con la visión, establecida hace siete años en el marco del Sistema Nacional de Competitividad e Innovación (SNCeI), de que “al año 2032 Colombia va a ser uno de los tres países más competitivos de América Latina”. Mientras en 2006 –cuando se determinó dicha visión– el país ocupaba el quinto lugar en América Latina, en 2013 ocupa el séptimo puesto (ver cuadro 1).

 

 

Lo más preocupante es que en los últimos años países del vecindario han logrado avances sustanciales en este indicador. Entre 2009 y 2013 Panamá avanzó 19 posiciones, al pasar del puesto 59 al puesto 40. En este mismo período, Perú –que se encontraba por detrás de Colombia en 2009– avanzó 17 posiciones para ubicarse en 2013 en el puesto 61. Más sorprendente aún, Ecuador avanzó 34 posiciones y se ubicó en 2013 justo detrás de Colombia, en el puesto 71. El caso de Ecuador deja una gran lección para el resto de países de la región: la competitividad se mejora con hechos.

La imposibilidad de avanzar en materia de competitividad debe llevar a una profunda reflexión sobre los esfuerzos
que se vienen implementando. Si bien es mucho lo que se viene haciendo en este frente, continuar con las dinámicas que se traen es posiblemente la receta más segura para no avanzar y para seguir viendo cómo el país es sobrepasado por otros países de referencia.

La necesidad de que el país se sacuda en esta materia se hace más imperante en la medida en que parece estar llegando a su fin el “viento de cola” que representó el ciclo alcista de los precios de los commodities–derivado de los crecimientos en la demanda de países como China e India– para países emergentes como Colombia. La favorabilidad de los términos de intercambio del país en la última década posiblemente disminuyó la importancia de la agenda de competitividad, la convirtió en algo de lo cual el país no necesariamente dependía para lograr los niveles de crecimiento de los últimos años. Sin embargo, las señales de que este contexto internacional puede estar cambiando deben encender las alarmas sobre el crecimiento potencial del país en los próximos años. De ser ciertas estas señales, la agenda de competitividad del país cobra más urgencia que nunca.

Más aún, luego del crecimiento del ingreso per cápita de los últimos años, el país podría caer en la “trampa de los
ingresos medios”. Este fenómeno radica en que, luego de un vigoroso proceso de crecimiento basado en las ventajas comparativas que ofrece la abundancia de recursos naturales y de mano de obra barata, los países no logran mantener estas tasas de crecimiento y caen en un estancamiento económico, en la medida en que estas ventajas desaparecen. Por lo tanto, una agenda de competitividad de gran calado se convierte en la única forma de que el país evite este riesgo; en particular si se tiene en cuenta que Colombia necesitará mantener –o incluso incrementar–su reciente ritmo de crecimiento bajo un potencial escenario posconflicto en el que muy posiblemente se incrementarán las demandas sociales.

En este sentido, y en línea con la reciente literatura de desarrollo económico, este Informe Nacional de Competitividad (INC) 2013-2014 plantea una agenda de competitividad de gran envergadura (ver gráfico 2), que, de implementarse, permitiría al país avanzar en esta materia. De acuerdo con Rodrik (2013), los países sólo logran altos crecimientos sostenidos en el tiempo en la medida en que implementen a profundidad dos tipos de agenda. En primer lugar, una agenda horizontal (o de inversión en los fundamentales, como él la llama), la cual debe apuntar a mejorar los fundamentales microeconómicos para todos los sectores de forma transversal –tales como la mejora en la calidad de educación básica y media (ver capítulo Educación), la construcción de principales corredores logísticos (ver capítulo Infraestructura, Transporte y Logística), la mejora en eficiencia de la justicia (ver capítulo Justicia), la flexibilización del mercado laboral (ver capítulo Mercado Laboral y Formalización), por citar algunos ejemplos–.

 

 

En segundo lugar, una agenda vertical (o de Cambio Estructural, como la llama Rodrik) (ver capítulo Política de Cambio Estructural) que apunte a fomentar la transformación del aparato productivo colombiano, a partir de la implementación de medidas que solucionen las distorsiones y cuellos de botella que limitan la productividad de sectores existentes y el surgimiento de nuevos sectores o actividades económicas de mayor productividad. Debido a que infortunadamente no se pueden abordar de manera simultánea estos cuellos de botella para todos los sectores y actividades económicas, en algunos casos esta agenda implica establecer prioridades. La evidencia empírica muestra que han sido los países que han implementado agendas verticales profundas –que logran transformar las fisonomías de sus aparatos productivos– los que se han convertido en los milagros económicos de los últimos 50 años, tales como Corea del Sur, Malasia, Tailandia, China y el mismo Chile.

De acuerdo con Rodrik (2013), los países que sólo abordan agendas transversales logran crecimientos lentos de sus
economías. Aquellos que sólo abordan agendas verticales registran crecimientos coyunturales. Sólo aquellos que logran combinar a profundidad ambos tipos de agenda alcanzan altas tasas de crecimiento sostenido en el tiempo (ver gráfico 3).

 

 

Desde su creación en 2006, el SNCeI se ha dedicado principalmente a implementar una agenda de competitividad de tipo transversal, en la medida en que en Colombia existe un gran consenso sobre este tipo de agenda, más no así en el caso de la agenda vertical. En particular, porque esta última se tiende a asociar con el desacreditado modelo de sustitución de importaciones que fue implementado en el país hace varias décadas. A pesar de esto, el país viene llevando a cabo una cantidad de esfuerzos descoordinados que cabrían dentro de lo que se podría catalogar como
Política de Cambio Estructural.

Ahora bien, la debilidad de la actual agenda de competitividad radica en que – por un lado– la profundidad de la agenda horizontal y la velocidad con que se viene implementando tienen mucho espacio de mejora. Por otro lado, la inexistencia de una política que articule los diferentes actores y esfuerzos en materia de agenda vertical limita su impacto. Por tanto, de seguir así, el país se podría estar ubicando en el peor de los escenarios que describe Rodrik (2013), lento mejoramientode fundamentales y ligera política de cambio estructural, lo cual lo llevaría a un crecimiento económico marginal en el mejor de los casos.

La situación descrita anteriormente es corroborada por la profundidad y el estado de avance de la Agenda Nacional de Competitividad (ANC), que fue lanzada por el presidente Santos en julio de 2012 en el marco del SNCeI. Esta agenda contiene alrededor de 104 acciones –resultado de un ejercicio de priorización– que apuntan a mejorar diferentes dimensiones de la competitividad del país. La mayoría de estas acciones se podría catalogar bajo el ámbito de agenda horizontal, y otras tantas bajo el ámbito de agenda vertical. Cada una de ellas cuenta con responsables (i.e.
Ministerios y otras agencias públicas), fecha de culminación e hitos, que permiten hacer seguimiento a su implementación. Luego de un año de haber sido lanzada, este INC 2013-2014 presenta el estado de avance de la ANC –de acuerdo con el criterio del CPC– a corte primer semestre de 2013 (ver cuadro 2), a partir de información de las diferentes entidades responsables que recoge el Departamento Nacional de Planeación (DNP).

 

De las 104 acciones, ya hay 16 (en azul) que se encuentran culminadas y 42 (en verde) que se encuentran en implementación de acuerdo con los tiempos estipulados. Las otras 46 (en amarillo y rojo) presentan algún tipo de atraso. El detalle de cada una de las acciones y su respectivo estado de avance se presentan en cada uno de los capítulos del INC 2013-2014.

Ahora bien, es importante anotar que una mejora en competitividad del país no es responsabilidad exclusiva del Gobierno nacional. Más aún, desde hace varios años se viene repitiendo en el marco del SNCeI la frase “la competitividad es local”, que tiene profundas implicaciones sobre la responsabilidad de los actores del nivel local en la competitividad del país. La competitividad de un país es local en la medida en que buena parte de ella se debe gestionar desde lo local. Sin embargo, salvo unas cuantas excepciones, se evidencia una gran debilidad de la institucionalidad para la competitividad a nivel local y de sus agendas. A pesar de los esfuerzos que se han hecho desde el nivel nacional del SNCeI, en general, hay que seguir fortaleciendo institucionalmente las Comisiones Regionales de Competitividad (CRC) para que realmente se conviertan en los espacios de discusión y definición de las visiones de competitividad de largo plazo de los departamentos, y así puedan cumplir con el papel que les otorga la Ley del Plan Nacional de Desarrollo.

Esto es inquietante en la medida en que, al igual que el Gobierno nacional tiene que implementar agendas horizontales y verticales en materia de competitividad, a nivel local deben existir agendas análogas. Más aún, buena parte de la acción en materia de la agenda vertical del país debe tomar lugar a nivel local, toda vez que muchas de las distorsiones y los cuellos de botella que limitan la productividad de sectores y actividades económicas son particulares al contexto geográfico donde estos se ubican, por lo que sólo se pueden identificar y abordar desde este nivel (ver capítulo Política de Cambio Estructural). Por lo tanto, si el país realmente quiere mejorar en materia
de competitividad, será clave garantizar que a nivel local existan una institucionalidad y unas capacidades que permitan abordar estas agendas.

Finalmente, ningún esfuerzo de los gobiernos nacional y locales será fructífero si el sector privado no hace lo que le corresponde. Desde hace un poco más de un año –en particular, a través de una serie de foros realizados alrededor del país denominados “Empresas Productivas, País Competitivo”–, el CPC ha venido insistiendo en que existe mucho espacio para mejorar la productividad al interior de las empresas, lo cual redundaría en la mejoría de la competitividad del país. Ámbitos como la innovación, la logística, el uso de TIC, la capacitación del capital humano, la gestión de operaciones y de negocio, el uso de instrumentos financieros, el trabajo de clusters, el trabajo con universidades, entre otros, son sólo algunos ejemplos de áreas en las cuales el sector privado colombiano podría instrumentar buenas prácticas y así mejorar su productividad.

Por lo tanto, es crucial que el sector privado colombiano reconozca su corresponsabilidad con la competitividad del país e identifique las diferentes áreas donde podría mejorar su productividad. Incluso las empresas más grandes y productivas del país son susceptibles de este tipo de mejora. Lo más importante es que para implementar este tipo de acciones, el sector privado no tiene que esperar a que el sector público cumpla con su parte de la agenda de competitividad.