Política de cambio estructural

Informe Nacional de Competitividad 2013-2014

Política de cambio estructural

El presidente Santos, en su discurso de instalación de la última legislatura del Congreso, el pasado 20 de julio, afirmó que era el momento para “mirar hacia adentro”, haciendo alusión a la necesidad de que el país se enfoque en tener una producción eficaz y competitiva, con alto valor agregado. El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, fue más explícito e interpretó las palabras del presidente diciendo que el país debe ahora dedicarse a su política industrial.

Este anuncio es recibido con gran expectativa y beneplácito desde el Consejo Privado de Competitividad (CPC), en la medida en que este ha venido insistiendo en que la agenda de competitividad del país debe contener –además de elementos transversales que mejoren la competitividad para cualquier sector de la economía– una agenda vertical, política industrial moderna, política vertical de desarrollo productivo o política de cambio estructural, todos sinónimos desde el punto de vista del CPC. Puntualmente, más allá de venir apoyando una política de este tipo, el Consejo ha venido insistiendo en la necesidad de ordenar todo lo que el país está haciendo en esta materia, bajo una política coherente que articule los diferentes actores e instrumentos.

En este sentido, este capítulo –más que profundizar sobre las justificaciones teóricas detrás de este tipo de política– supone que la discusión sobre la necesidad de una política de cambio estructural está cerrada y presenta propuestas concretas al Gobierno, ahora cuando ha dado señales de que se va a dedicar a organizar y fortalecer los esfuerzos que viene haciendo en este frente. La idea es que estas propuestas den luces para el rediseño y la implementación de una política sólida que le permita al país incrementar el nivel de diversificación y sofisticación de su aparato productivo y, de esa manera, lograr el objetivo de convertirse al año 2032 en el tercer país más competitivo de Latinoamérica.

La evidencia empírica muestra que han sido los países que se han adentrado en un constante proceso de cambio estructural, incrementando la diversificación y sofisticación de sus economías, los que han logrado mantener altas tasas de crecimiento sostenidas en el tiempo y se han convertido en los “milagros económicos” de los últimos 50 años. Casos como el de Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Malasia y China ilustran cómo a través de un proceso de transformación productiva que ha cambiado la fisonomía de sus aparatos productivos, estas economías vienen alcanzando tasas de crecimiento que les han permitido lograr niveles de prosperidad de países desarrollados –en algunos casos– y sacar a cientos de millones de personas de la pobreza (ver gráfico 1).