Energía

Informe Nacional de Competitividad 2008-2009

Energía

Los países más competitivos, en razón a su nivel de ingreso y crecimiento económico, son grandes demandantes de energía, pero al mismo tiempo son los que la
utilizan de forma más eficiente. Desde una perspectiva microeconómica, la competitividad de las empresas depende directamente de la eficiencia con la que hacen uso de la energía y del costo que ésta les genera. De otro lado, la energía puede convertirse en una fuente de competitividad en países con amplios recursos naturales energéticos como Colombia, siempre y cuando se desarrollen, manipulen y utilicen eficientemente, tanto en lo económico como en lo ambiental.

Con el calentamiento global el tema de la sostenibilidad en particular, se vuelve crítico y la canasta energética que defina cada país para su futuro
desarrollo será fundamental para determinar sus posibilidades de éxito. La viabilidad de sociedades que dependen excesivamente de combustibles
fósiles, con la consecuente emisión de gases causantes del llamado “efecto invernadero”, está cada vez más en entredicho. Por ello, el tema de la eficiencia se medirá en forma creciente por la capacidad de manejo de otras formas de energía como la nuclear, donde países como Francia
llevan la delantera; el desarrollo de automóviles híbridos donde los japoneses y recientemente la General Motors muestran avances prometedores
y un uso más intensivo de las fuentes de energía hidráulica en países como Brasil y Colombia donde este recurso es más abundante. En materia
de energías alternativas como las celdas solares y la eólica, aún la tecnología no permite su masificación, pero países europeos como Alemania muestran avances interesantes.

Existe una correlación positiva entre el desarrollo económico y la demanda de energía (Gráfico 75). Por ejemplo, el consumo de energía por habitante de Colombia es de alrededor de 0,5 MTOE (millones de toneladas equivalentes de petróleo). En Estados Unidos este valor es de 5,4 y en Noruega de 4,6.

 

 

Además, a medida que una economía crece, la importancia de la energía para su desarrollo aumenta. Si Colombia espera mantener tasas de crecimiento elevadas de forma sostenida, es necesario que el país cuente con la suficiente infraestructura y las suficientes capacidades para generar la energía necesaria para suplir una creciente y cada vez más variada demanda de energía.

Los retos actuales en el campo energético son inmensos. Durante los próximos años se espera que los precios de la energía se mantengan relativamente altos debido a una creciente demanda internacional. Esto ha incidido, no solo en los costos de producción de las empresas, sino también en el precio final de muchos bienes de consumo, incluidos algunos productos alimenticios básicos. Por esto, las empresas tienen el reto de aumentar la productividad de la energía para así poder reducir su costo. El aumento en la demanda de energía, adicionalmente, impone serios retos en la lucha contra el calentamiento global y el desarrollo de fuentes alternativas de energía.

La importancia del sector minero-energético en el comercio internacional de Colombia, ha aumentado dramáticamente en las últimas décadas: la
participación de las exportaciones de productos minero-energéticos en las exportaciones totales, pasó de 5,2% en 1976 a 55% en 2006 (Gráfico 76). De éstos, los principales rubros son petróleo y carbón que, en 2006, representaron, respectivamente, el 25,5% y el 11,9% de las exportaciones totales, y conformaron el 80,1% del total de la producción total de energía primaria del país.

 

 

En 2007, las exportaciones anuales minero energéticas en Colombia fueron cercanas a US$11.500 millones, 66% de petróleo y derivados, 27% de carbón y 6% de ferroníquel. Al comparar estas cifras con las del año 2000, se observa un incremento en la participación de las exportaciones de carbón y de ferroníquel (Gráfico 77).

 

 

Es evidente que Colombia está adquiriendo cada vez más dependencia de los recursos naturales energéticos, lo que le impone nuevos retos de manejo económico. La alta volatilidad de los precios en los mercados internacionales genera inestabilidad en los ingresos de divisas, en los recursos fiscales y, en general, afecta el desempeño de la economía. Ante un incremento sustancial en los ingresos externos asociados con la explotación de recursos naturales, un país puede verse abocado a lo que en la literatura se conoce como “enfermedad holandesa”, si los ingresos extraordinarios por concepto de dichas exportaciones se utilizan como recursos corrientes. Si los países no ahorran cuando los precios están inusualmente altos (para poder desahorrar cuando ocurre lo contrario), se tendrán ciclos de revaluación-devaluación, que afectará el desempeño de los demás sectores transables de la economía. Infortunadamente, en Colombia son pocos los esfuerzos de ahorros fiscales en esta materia y en el pasado reciente incluso se utilizaron los recursos que había disponibles en el Fondo de Estabilización Petrolera (FEP) para financiar gasto corriente.